La Universidad en tiempos de pandemia

La Universidad en tiempos de pandemia


Aldo F. Lineras

La amplitud del panorama respecto de esta cuestión se sostiene con el trabajo desarrollado en la Universidad Nacional del Nordeste y en el rol de Presidente de la Asociación Nacional de Facultades de Humanidades y de Educación, donde se reúnen cuarenta unidades académicas de diferentes universidades nacionales y comparten el día a día en la gestión en estos tiempos.

Esta reflexión se ve atravesada por una serie de publicaciones aparecidas en el mes de mayo del presente año, tituladas: “Educación presencial: el silencio atroz de la Universidad”(1) y “Los universitarios de la pandemia: entre la resignación y el silencio”(2), donde ambos medios aluden a una “universidad en silencio”, con docentes y estudiantes que no se hacen notar ante esta situación particular que nos toca vivir.

Esto lleva a reformular el título de esta presentación: “La Universidad en tiempos de pandemia: los sonidos del silencio”; y a plantear una serie de interrogantes: ¿ha estado la universidad pública en silencio durante la pandemia? ¿Qué han hecho las universidades nacionales durante la pandemia?

El 11 de marzo de 2020 la OMS (Organización Mundial de la Salud) declaró el estado de pandemia por Covid 19, en un contexto en que muchos no considerábamos la gravedad del asunto, todavía. El 20 de marzo de 2020, el Poder Ejecutivo Nacional decretó la primera medida de ASPO (Aislamiento Social Preventivo Obligatorio), momento en el que nos aprestábamos a iniciar un nuevo ciclo lectivo. Para tener un panorama más claro, recordamos que entran en ASPO más de un centenar de universidades públicas y privadas, sesenta y seis universidades estatales y otros tantos institutos universitarios, alrededor de dos millones de estudiantes de pregrado y grado, alrededor de ciento veinte mil estudiantes de posgrado y ciento veinte mil docentes, más cincuenta mil que componen el personal no docente, aproximadamente.(3)

Durante las primeras semanas se intentó desarrollar un sistema de cursado virtual, con herramientas rudimentarias. Al extenderse la situación, este enorme sistema comenzó a poner en marcha un proceso heterogéneo, hasta entonces la educación a distancia era principalmente de apoyo a la presencialidad; la Universidad del Chaco Austral, por ejemplo, tenía oferta de carreras a distancia, pero la mayoría de las universidades no las tenía.

Iniciamos el pase de la oferta presencial a lo virtual, con la aparición del Zoom, el Meet, las plataformas redimensionadas, en un esfuerzo enorme para dar respuesta a lo que se planteaba. Esto es, un progresivo inicio de tareas desde la virtualidad, comprendiendo los procesos burocráticos usuales, reorganizando las estructuras de gobierno y acompañando actividades de investigación, extensión y transferencia. Todo esto acompañado con protocolos, un sistema de personal que permitió gestiones de diversos trámites, procesos de carreras docentes, concursos, entre otras. Cabe mencionar también que se retomó la cooperación internacional, el intercambio de docentes y estudiantes de la modalidad presencial a la virtualidad, acompañando previamente el proceso de repatriación.

Pasado el estupor, analizamos la respuesta inmediata y podemos identificar rasgos positivos: propició un proceso de democratización, sostenimiento (e incluso, mejoramiento) de la matrícula, el cursado y aprobación de las materias también arroja buenos resultados, la resistencia original de algunos sectores se redirigió a la innovación pedagógica y al aprendizaje institucional, la ampliación de la cobertura que permitió a los alumnos de lugares alejados conectarse a las ofertas educativas desde sus hogares. De modo más reciente, el diseño y desarrollo de carreras y cursos en modalidad virtual.

La pandemia ha permitido también visibilizar las asimetrías existentes, que afecta no solo a alumnos y alumnas, sino también a docentes: falta de dispositivos o dispositivos inadecuados, mala o nula conectividad (a pesar de la extensión de la fibra óptica en la provincia del Chaco, el acceso no es igualitario), condiciones socioeconómicas familiares deficientes (entendiendo que vivimos en la zona geográfica más vulnerada del país) que hicieron que familias enteras tuvieran que compartir un solo dispositivo para sus clases, en los diferentes niveles. Esta situación nos privó también de la socialización a través del contacto, el aislamiento nos impidió la construcción y ejercicio de lo que llamamos la “ciudadanía universitaria” (prácticas culturales y políticas, basadas en la presencialidad).

Las políticas que acompañaron a esta movida tienen que ver con programas socioeconómicos: becas Progresar, becas específicas de cada universidad, elaboración de productos demandados por las características de la enfermedad (alcohol en gel, mascarillas, barbijos), disposición de hospitales y centros de salud universitarios (remarcando el compromiso y la solidaridad demostrados), diseño de propuestas arquitectónicas y tecnológicas relacionadas con la expansión de las instalaciones sanitarias (que se había recibido en un estado de abandono), diseño y ejecución de encuestas y sistematización de información sobre efectos de la pandemia y de las medidas tomadas en la población(4) (PISAC: Programa de Investigación sobre la Sociedad Argentina Contemporánea). Las universidades se abocaron también a reorientar sus programas de investigación en prácticamente todos los campos disciplinares hacia temáticas relacionadas con Covid 19/Pandemia.

Ahora bien ¿en qué contexto se ha hecho todo esto? Esto se ha hecho en un contexto en que se había dejado a las universidades nacionales y al CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) fuertemente agredidos. A tres meses de la asunción del gobierno actual (10 de diciembre de 2019) inició la pandemia, todas las universidades estaban expectantes por retomar un proceso de reformulación de políticas de educación superior, que habían sido agresivas y deficientes en el período anterior, y fueron traídas a este escenario de pandemia. Para recordar, las universidades tenían varios meses de retraso en las partidas presupuestarias, no se recibía presupuesto para determinados gastos, el CONICET y las empresas que se relacionaban a su trabajo habían sido rebajadas y “ninguneadas”.

Planteada la situación, ¿cómo retomamos esto? En el corto plazo debemos evaluar cómo retomamos la presencialidad: completa, con población completa vacunada, o continuaremos con la virtualidad en el segundo cuatrimestre, analizando cómo se presenta el panorama para el 2022; se señalan propuestas “híbridas” o mixtas, donde algunos asisten a la presencialidad y otros a clases virtuales, o por sistemas de burbujas. Este es un punto que ya se está discutiendo en todas las universidades nacionales. Tenemos que comenzar con las acciones remediales para recuperar a aquellos alumnos y alumnas que hayan abandonado sus estudios, o experimentado dificultades marcadas para cursar o rendir sus materias. Es necesario diseñar nuevas políticas públicas de asistencia (becas, Programa Conectar Igualdad), como así también retomar la idea de programas de mejoramiento realizados desde 2003 al 2015, que ayudaron a mejorar la planta docente, infraestructura y tecnología.

En el mediano plazo, hay que capitalizar el aprendizaje institucional para impulsar una oferta renovada de educación virtual, revisar el impacto del desarrollo virtual en aspectos didácticos pedagógicos (al regresar a la presencialidad), impulsar la integración de redes y ofertas regionales (Norte Grande: docencia, investigación e intercambio), gestionar el financiamiento (sin caer en la mercantilización(5)) y articular el Sistema de Educación Superior (Universidades/ Institutos Superiores), este último es un gran desafío pendiente.

Retomando la pregunta planteada al inicio: ¿se puede decir que estuvimos en silencio, cuando mantuvimos todas nuestras actividades esenciales funcionando? ¿Estuvimos en silencio, cuando las estructuras democráticas, de gobierno y de administración estuvieron funcionando? ¿Se puede decir que estuvimos en silencio, cuando investigadores, innovadores, ya sea a nivel individual o grupal, contribuyeron con herramientas concretas en las acciones para combatir la pandemia? ¿Cuándo hemos continuado con el egreso y la titulación de miles de estudiantes en todo el país? ¿Se puede decir que somos un sector cooptado políticamente cuando, tanto el Consejo Interuniversitario Nacional y la Federación Universitaria Argentina mantienen una diversidad de perfiles que nos enorgullece?

Nuestro sistema se ha adaptado rápidamente a la educación virtual, acción reconocida por cientos de nuestros estudiantes.

Entonces, ¿por qué lo hacen (acusarnos de estar en silencio)? Lo hacen porque no han podido sacarnos a la calle, no han podido atropellar nuestra autonomía. Porque hemos resuelto desarrollar nuestras tareas en un ambiente hecho desde lo posible y desde el esfuerzo. Porque hemos preferido esto a un irresponsable desarrollo que afecte al cuidado sanitario del conjunto.

Lo que molesta no es el silencio, sino el sonido, el sonido de ese silencio.

Retomando algunas ideas de la Conferencia Regional para la Educación Superior(6): la reafirmación del postulado de la Educación Superior como un bien público y social, un derecho humano y universal y un deber de los Estados y la reivindicación de la autonomía de las universidades, le permite ejercer su papel crítico y propositivo frente a la sociedad. Les molesta el silencio y lo van a seguir señalando porque hemos podido dar una respuesta desde el Estado, desde una universidad pública, cogobernada y gratuita.

Volver a la presencialidad nos enfrentará a nuevos tipos de enseñanza, habrá muchos matices, recordemos que “nadie vuelve a bañarse en el mismo río”. El espacio virtual va a demandar otros estatus, pero también nos brindará la oportunidad, o más bien la “obligación” de desarrollo, este es el desafío que visibilizó la pandemia: la desigualdad, la exclusión (que pudo ser menor si hubieran continuado programas como Conectar Igualdad, por ejemplo). Las redes que podamos establecer nos permitirán dimensionar la experiencia y el enorme aprendizaje que hemos hecho, enfrentar la tensión entre el impulso de volver a lo mismo y el cambio democratizante desde la virtualidad.

Pensar en políticas de acompañamiento para los ingresantes 2022, pero sin dejar de lado a las cohortes 2020 y 2021, que no conocen la universidad. Tendremos que reflexionar sobre los modelos de evaluación vigentes en las universidades, la gestión de la información (biblioteca on line poco aprovechada). Avanzar con la articulación de la Educación Superior es una deuda pendiente, que deberemos retomar y pensarla desde la lógica de los ciudadanos y no de las instituciones, no solo referido a la formación docente, sino también a las tecnicaturas.

Por último, cito una frase empleada en uno de los artículos mencionados al inicio, de manera sarcástica: “Gaudeamos Igitur” (Alegrémonos, pues). Si, pensando en esto que nos han reclamado que hablemos, estamos hablando. Nunca hemos dejado de hacerlo, por eso y aunque falta mucho por hacer y revisar (sin descontextualizar), estamos contentos.

Ruíz Krawczuk, María Soledad

I.E.S. Pampa del Infierno


(1) Ghiretti, H. (22 de mayo de 2021). “Educación presencial: el atroz silencio de la Universidad”. INFOBAE. Recuperado de https://www.infobae.com/opinion/2021/05/22/educacion-presencial-el-atroz-silencio-de-la-universidad/
(2) Román, L. (18 de mayo de 2021). “Los universitarios de la pandemia: entre la resignación y el silencio”. LA NACIÓN. Recuperado de https://www.lanacion.com.ar/opinion/los-universitarios-de-la-pandemia-entre-la-resignacion-y-el-silencio-nid18052021/
(3) Sistema de Consultas de Estadísticas Universitarias. Recuperado de http://estadisticasuniversitarias.me.gov.ar/#/home/1
(4) Las Ciencias Sociales y Humanas en la crisis Covid 19. Recuperado de https://www.argentina.gob.ar/ciencia/agencia/acciones-sobre-covid-19/las-ciencias-sociales-y-humanas-en-la-crisis-covid-19
(5) Bajo los conceptos de privatización y mercantilización de los espacios educativos en América Latina, se pone en debate y discusión cuales son las percepciones que actualmente se tiene sobre la educación. Entre las disputas se plantean la idea de la educación como un derecho o un servicio, y si el conocimiento debe ser considerado como un bien común o una mercancía. Saforcada, F., y Trota, L. (2020) La privatización de la Universidad en Argentina y América Latina. Ciencia, Tecnología y Política, vol. 3, n° 4. Recuperado de http://portal.amelica.org/ameli/jatsRepo/214/2141038006/html/index.html
(6) Informe General de la III Conferencia Regional de Educación Superior (CRES 2018). Recuperado de https://www.iesalc.unesco.org/2018/12/13/informe-general-de-la-cres-2018/



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