Coronavirus y educación

Coronavirus y educación

La escuela en tiempos remoto: prácticas que
emergen en tiempos de intermitencia

Patricia Ferrante

En el año 2020 el sector educativo se enfrentó a un gran desafío: continuar con el proceso de aprendizaje y de formación docente desde la virtualidad, obligada por una cuarentena que prometía ser breve pero que se fue prolongando en el tiempo.

La pandemia del covid 19 y el aislamiento social obligatorio como medida preventiva, obligaron al cierre de escuelas de todos los niveles, institutos de formación docente y universidades de todo el mundo. Frente a una escuela regulada por semáforo epidemiológico apareció el desafío de integrar las tecnologías y de sostener el vínculo desde la presencialidad a la virtualidad para garantizar la continuidad pedagógica. Tarea para la que Argentina no estaba preparada.

Fue así que de repente la escuela irrumpió en la intimidad de docentes, estudiantes y familias, reclamando cambios inmediatos, repensando los espacios escolares. Las formas de relacionarse fueron mutando y diversificándose: grupos de whatsapp, facebook, plataformas educativas virtuales, encuentros sincrónicos por meet, zoom, para compartir tareas y mantenerse comunicados. Adriana Puiggrós (2020) afirma al respecto:

La mayor parte de los educadores se vieron enfrentados a la necesidad de adquirir rápidamente saberes tecnológicos y –lo que es más impactante– nuevas formas de comunicación con sus alumnos. Desde el primitivo uso del teléfono o de notas entregadas con el paquete de comida para hacer llegar tareas escolares a los chicos, hasta WhatsApp, videoconferencias y aulas informáticas, rompieron una rutina que llevaba ya más de un siglo y medio. El salto tecnológico fue desigual e inorgánico, pero muy amplio (p. 36).

Los cambios fueron más allá de lo exclusivamente pedagógico, la estructura de la educación frente a la virtualidad, sus sistemas de control y vigilancia también debieron cambiar. Es así que se empiezan a plantear nuevos escenarios: presenciales asincrónicos o sincrónicos, virtuales mixtos o híbridos, que condicionan cómo va a ser el recorrido y la lógica de participación e intercambio en los distintos formatos.

Y en esta época de incertidumbre y de emergencia, ante el acelere de la virtualidad, mientras los ministerios dibujan y desdibujan escenarios posibles frente a la incertidumbre de lo que ocurrirá, surgió la plataformización y datificación de la educación, brindando un gran cúmulo de datos con información que puede servir, pero no explican la intensidad de lo que sucede en el proceso educativo. Ante este escenario podemos afirmar que no tendríamos que correr tras la novedad de herramientas que aparecen en la virtualidad sino encontrar patrones de relacionamiento o de participación en redes sociales que sirvieran de sustento para la intervención pedagógica. Por eso sigue siendo clave el rol del docente para ver cómo evaluar, certificar que sucedió lo que se había planteado y realizar un acompañamiento y sostenimiento a las trayectorias escolares.

La experiencia virtual no fue igual para todos los niveles de escolarización. Gran parte del nivel superior y universitario contaba con campus virtuales propios y decidieron dar continuidad en esos espacios a las clases ya comenzadas o, directamente, iniciar el cuatrimestre en la virtualidad. Los docentes con o sin experiencia en el tema se pusieron a gestionar sus clases en plataformas educativas, con encuentros periódicos por Zoom o Meet entre otras opciones.

Estas y otras formas más o menos multimodales sostuvieron el cursado durante todo el año 2020 y lo que va del 2021 rediseñando lo que requiere presencialidad (prácticas en escuelas, entregas de maquetas, trabajos en laboratorios entre otras prácticas más difíciles de virtualizar) pero confirmando que hoy la educación virtual es una modalidad valiosa y de calidad. En los niveles obligatorios la realidad fue más dura, la escuela se sostuvo como pudo, con la mejor voluntad de los actores intervinientes que tuvieron que pensar propuestas para cada escenario intermitente (virtualidad y presencialidad) con los pocos recursos con que contaban. A las desigualdades preexistentes de algunos sectores se le sumaron las desigualdades en términos de acceso y conectividad. A la vez que cuando pensamos en una propuesta educativa inclusiva hay que dar varios pasos más allá del acceso para pensar en una escuela inclusiva y relevante.

En este sentido los resultados de la encuesta nacional de continuidad pedagógica, trabajo conjunto del gobierno nacional con UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) analizó las desigualdades que se dan en diferentes sectores respecto a la disponibilidad no solo de recursos digitales sino también de conectividad de calidad y la necesidad de pensar cómo sostener la continuidad pedagógica más allá de estas problemáticas.

Las políticas implementadas por los Estados nacional y provinciales, para fortalecer la misma a través de la publicación de recursos materiales y pedagógicos.; la apuesta nacional el plan “Seguimos educando” para acompañar a las y los docentes en la escolaridad remota o intermitente con un abanico de recursos y producciones a las que se resignifica como Paka Paka o Canal Encuentro entre otros no fueron suficientes. Es necesario seguir apostando a fortalecer la formación de los docentes, pero también pensar en leyes que regulen la accesibilidad a la conectividad y verla como un derecho de todas y todos.

Ahora se avecinan tiempos de postpandemia y se hace necesaria la recuperación de experiencias de docentes revalorizando su trabajo apoyado en diferentes herramientas y estrategias para tratar de superar las desigualdades que fueron emergiendo o profundizando. Así como también repensar los espacios escolares en término de la distancia, la higiene, de los nuevos protocolos que aparecen en las rutinas escolares.

Nuevos interrogantes más allá de la emergencia

Al pensar en la educación post coronavirus, afloran muchos cuestionamientos del tipo: ¿Cómo seguir con la escuela, con la universidad, con la formación docente en tiempos de “intermitencia”? ¿Cómo volvemos a la escuela? ¿Qué recuperamos del camino transitado durante el aislamiento conectados a través de la virtualidad? ¿Qué políticas educativas hay que activar para el escenario de regreso a las instituciones? ¿Cómo impactaron las tecnologías en las trayectorias escolares?

Al poner en diálogo estos cuestionamientos y la situación que atravesamos, surgen algunas ideas para el período de postpandemia, que se avecina pensando en la formas de rehabitar los espacios escolares en término de la distancia, la higiene, de lo que se puede o no, de los nuevos protocolos que aparecen en las rutinas escolares y, también de reorganizarse (tiempos, espacios, horarios, agrupaciones, etc). Pero fundamentalmente centrarse en la recuperación crítica de experiencias remotas que desafíen a pensar la escuela del mañana. Esto supone reconfigurar a las instituciones que seguirán siendo claves en la educación porque generan los espacios para el encuentro cara a cara que favorecen las vivencias, los ritos y los vínculos afectivos (docente-alumno-familia). Tras la experiencia de enseñanza remota no serán del mismo modo porque la educación traspasó las paredes del aula y se ensayaron otras formas, otros tiempos, otras dinámicas y otros escenarios posibles que deben plantear rupturas cognitivas y culturales con el entorno.

Estamos frente a un escenario que nos habilita a pensar de qué manera mirar algunas cosas que están pasando como testigos y partícipes a la vez y qué, sistematizar de esas cosas para aprender de ellas y evaluar que nos falta y qué desafíos enfrentamos para pensar en modelos de educación con una alta intervención de modelos digitales.

Sostener la continuidad pedagógica en una escuela intermitente (entre la virtualidad y la presencialidad) plantea la importancia de conocer el escenario, quiénes son los estudiantes, los recursos con los que cuentan, la conectividad, entre otras cuestiones. Teniendo en cuenta los baches de la conexión para pensar cómo sostener el vínculo y qué mediaciones llevar a cabo. Un dato clave a tener en cuenta para cualquier instancia de educación que se diseñe como virtual es que el celular se convirtió en el dispositivo más usado para estar en contacto a falta de otros recursos tecnológicos.

La revisión de las políticas nacionales y provinciales en relación a la integración tecnologías digitales y el acceso como derecho es un desafío que debemos llevar adelante pensando también en la forma de acompañar al docente en este trayecto desafiante y cambiante con escenarios escolares híbrido que demandan repensar la revinculación y la priorización de contenidos valiéndose de las herramientas y estrategias que emergieron en tiempo de pandemia y que merece ser recuperados.

Silbia Marisa Gómez


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