tpa n7

Soberanía y pensamiento

Soberanía y pensamiento

Prof. Omar Rojo
rojo.omar.84@gmail.com
Director Regional. Región Educativa X-A

Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología del Chaco.

Introducción

El pasado 20 de noviembre volvió a cumplirse un nuevo aniversario del combate de la Vuelta de Obligado, fecha en la que recordamos la defensa de la Soberanía Nacional. El hecho forma parte de las efemérides de nuestro país, más a diferencia de otras fechas tiene una historia que es la historia de una parte significativa de los combates por la memoria. Además, la propia noción de soberanía admite en estos tiempos una lectura con diferentes dimensiones.

La vuelta de Obligado

“¡Vedlos, camaradas, allí los tenéis! Considerad el tamaño del insulto que vienen haciendo a la soberanía de nuestra Patria, al navegar las aguas de un río que corre por el territorio de nuestra República, sin más título que la fuerza con que se creen poderosos. ¡Pero se engañan esos miserables, aquí no lo serán! Tremole el pabellón azul y blanco y muramos todos antes que verlo bajar de donde flamea”.

En 1845 Juan Manuel de Rosas era el encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina por delegación de las provincias en la figura del gobernador de Buenos Aires. Desde algunos años, luego de una prolongada guerra civil había logrado conformar un sistema relativamente estable en términos políticos bajo las banderas del federalismo habiéndose impuesto sobre los unitarios y estableciendo una relativa paz articulada en una trabajosa alianza con líderes provinciales como el sanjuanino Nazario Benavidez, el santiagueño Felipe Ibarra y el propio Justo José de Urquiza, a la sazón gobernador de Entre Ríos. (Lafforgue, J. 1999)

Esa relativa estabilidad se vio alterada en agosto de 1845, cuando una poderosa alianza militar entre las dos mayores potencias de la época procuró voltear al gobernador e imponer la apertura irrestricta de los ríos interiores de la Confederación Argentina. La flota anglofrancesa bloqueó los puertos de la Confederación y del Uruguay –con la excepción de Montevideo, donde anidaba la oposición a Rosas.

Rosas decidió enfrentar la agresión europea y se dispuso a movilizar sus fuerzas, para ello dispuso que el general Lucio V. Mansilla organice la resistencia ante el avance de los barcos de la alianza anglofrancesa que se había dispuesto a avanzar por el Río Paraná.

Así, el 20 de noviembre de 1845 se produjo el combate de la Vuelta de Obligado entre las fuerzas militares comandadas por Lucio V. Mansilla y los agresores europeos. Mansilla había dispuesto una serie de baterías pequeñas sobre la costa del Paraná a la altura de la Vuelta de Obligado y había atravesado cadenas de orilla a orilla para frenar el avance de la flota anglofrancesa.

La lucha se extendió durante largas horas y al cabo de ella los invasores lograron sortear la inicial resistencia.

Geopolítica de un conflicto

La agresión anglofrancesa se encuadra en un contexto particular de expansionismo que las potencias europeas se encontraban realizando en pos de garantizar nuevos mercados. Así en 1839 los franceses habían atacado a México con burdos pretextos intentando imponer condiciones de cobro de deudas a la fuerza, bloqueando sus puertos y bombardeando distintos puntos. Otro tanto harían los británicos en las “guerras del opio” que consistieron en la imposición del tráfico de opio en manos de comerciantes británicos en China y la posterior ocupación de Hong Kong. (Renouvin, P. 1998, p. 257-265)

En el río de la Plata este expansionismo se había expresado en la intervención británica para garantizar la independencia del Uruguay en el marco del prolongado conflicto entre las Provincias Unidas y el Imperio del Brasil. Luego se manifestaría en la ocupación militar de las Islas Malvinas por parte de los ingleses en 1833. Francia en tanto intervendría con el bloqueo del puerto de Buenos Aires y el respaldo activo a los levantamientos unitarios de 1838.

Los conflictos en el área rioplatense se extenderían a lo largo de varias décadas, arrastrando elementos de disputa que provenían del reciente pasado colonial entre el imperio español y el lusitano. Así, la guerra entre las Provincias Unidas y el Imperio de Brasil (1825-1828) derivó en la independencia uruguaya acicateada por la intervención de Gran Bretaña a fin de constituir un estado tapón entre ambos contendientes.

Sin embargo, la creación del nuevo Estado no resolvió los conflictos, sino que les dio una nueva forma. Prontamente en Uruguay se constituyeron dos bandos enfrentados en una prolongada guerra civil que contarían con el respaldo respectivo de sectores de la orilla occidental del Río de la Plata y del Brasil.

El partido Blanco uruguayo expresaba a los sectores populares de la campaña y su líder Manuel Oribe fue respaldado por los federales. Su opositor, Fructuoso Rivera, del partido Colorado representaba los intereses de Montevideo y de los sectores comerciantes de esa importante plaza. Fue respaldado por fuerzas brasileñas y por los unitarios emigrados a Montevideo. Ambos líderes comandaron tropas que libraron batallas en el actual territorio argentino en varias oportunidades.

A estos actores y sus intereses se sumaban los del imperio del Brasil. Sostenido en un modelo productivo que no modificó el sistema de explotación esclavista heredado de la colonia, Brasil sustentaba una alianza estratégica con Gran Bretaña y mantenía firme su vocación de expansión hacia las áreas guaraníticas y el estuario del Plata. Finalmente, se encontraban los intereses de la república del Paraguay gobernada por Carlos López, quien impulsó un proceso de expansión industrial en el cono sur financiado por las exportaciones de yerba, tabaco y cueros que chocaba con el control que Rosas establecía sobre la navegación del Paraná. (Goldman, N. 1998)

Este proceso de expansionismo era retroalimentado por el tremendo desarrollo de las fuerzas productivas en Europa a causa de la Revolución Industrial. Su devenir configuraría un esquema de distribución colonial y neocolonial sobre los territorios de Asia, África y América Latina en el que Gran Bretaña lograría una situación privilegiada.

La guerra del Paraná y el triunfo nacional

El combate de la Vuelta de Obligado fue el primer episodio de una serie de enfrentamientos que se extenderían por la rivera del Paraná en el marco de una estrategia definida por Rosas que consistió en evitar un enfrentamiento abierto con los invasores y, en cambio, ofrecerles una dura y prolongada resistencia episódica que mine las posibilidades de sostenerse a éstos en nuestro territorio.

Así, luego de Obligado, otros enfrentamientos se sucederían en Ramallo, San Nicolás de los Arroyos, San Lorenzo, Angostura del Quebracho y Tonelero; en estos últimos dos puntos en varias oportunidades. Esta estrategia de desgaste mostró una notable efectividad a la hora de dañar los intereses y la moral de los invasores, quienes, además no encontraban mercados ansiosos de comerciar con ellos de forma inmediata.

Este contexto de hostilidad sostenida, de malos negocios y de nuevas revoluciones en Europa llevó a ingleses y franceses a sentarse a negociar con el encargado de la Relaciones Exteriores de la Confederación. Así, en 1848 Gran Bretaña retiró su escuadra del bloqueo a nuestros puertos y al año siguiente firmó un acuerdo (Tratado Arana- Southern) donde reconocía la soberanía de la Confederación sobre sus ríos interiores, devolviendo los bienes requisados y desagraviando a la bandera argentina. Francia continuó un año más con su intención de imponer condiciones, pero al cabo de ese tiempo se avino a firmar un acuerdo semejante al de los británicos (Tratado Arana-Lepredour).

Combates por la historia

Lo que se nos ha presentado como historia es una política de la historia, en que ésta es sólo un instrumento de planes más vastos destinados precisamente a impedir que la historia, la historia verdadera, contribuya a la formación de una conciencia histórica nacional que es la base necesaria de toda política de la Nación.

Arturo Jauretche

Años después de su triunfo sobre los unitarios y el bloqueo anglofracés, Rosas sería derrotado por una poderosa alianza entre el imperio del Brasil, los blancos uruguayos, sus enemigos emigrados y el comando de su antiguo aliado Justo José de Urquiza. Su figura sería notablemente vilipendiada por sus vencedores, quienes crearían el mito de la sangrienta tiranía. (Lafforgue, J. 1999, p. 72-74)

Este manto de desprecio historiográfico, literario y cultural, se sostendría por la producción intelectual de sus iniciales opositores tales como Esteban Echeverría, Domingo Faustino Sarmiento, Bartolomé Mitre y la tradición intelectual liberal que conformaría el canon intelectual por antonomasia de nuestro país. (Jauretche, A., p. 97-103)

Rosas fue el epítome de una construcción binaria que expresaba todos los disvalores que despreciaba la cultura oficial: el caudillismo, la participación popular, el federalismo, el hispanismo, la tradición americana.

En ese punto la Vuelta de Obligado fue un episodio que quedó en el olvido durante largas décadas hasta que volvió a ser rescatado por las lecturas e investigaciones historiográficas revisionistas de la década del 1930 y del 1940. Para estos historiadores que se nuclearon en el Instituto de Investigaciones Históricas “Juan Manuel de Rosas”, la búsqueda de rescatar la figura del caudillo y de la gesta de la Vuelta de Obligado. Entre ellos se destacaron figuras como José María Rosa y el entrerriano Fermín Chávez. Recién en 1974, luego del regreso del peronismo al gobierno, tras la dilatada experiencia de gobiernos civiles y militares antiperonistas, la fecha se consagraría en el calendario oficial del Estado. No obstante, la dictadura cívico militar de 1976 volvería a eliminarlo.

Ya en el siglo XXI y luego de los inmensos y populares festejos del bicentenario de la Revolución de Mayo, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner estableció que la fecha fuese feriado nacional. No obstante, esa decisión no dejó de ser criticada por medios de comunicación opositores al gobierno y por académicos que descalificaron tal decisión.

El pensamiento Nacional

El recorrido historiográfico en torno del Día de la Soberanía Nacional nos habilita a otra reflexión acerca de las dimensiones de la soberanía. En estos años, el concepto de soberanía aparece repetidamente adjetivado: además de la soberanía territorial o de la soberanía popular hablamos de la soberanía alimentaria, soberanía ecológica, soberanía científica, de la soberanía de los cuerpos, entre otras. Esta adjetivación da cuenta de la complejidad del ejercicio soberano.

Una de las dimensiones que aparece con menos frecuencia en derredor de la idea de soberanía es el concepto de soberanía cultural. Para rastrear la premisa de una idea soberana en el campo de los valores, creencias y representaciones debemos comprender cuál es el marco de operatividad de esta noción. Aquí nos proponemos revalorizar los aportes de la corriente del pensamiento nacional en relación a los debates centrales de la cultura en nuestro país.

Uno de los principales exponentes de esta corriente es el pensador Arturo Jauretche. Notable polemista, escritor y político, Jauretche generó una importante producción intelectual en la que la mirada y el análisis crítico, de las ideas imperantes en el campo cultural argentino. El saldo de ese producto es un conjunto notable de ideas que, aún hoy a casi medio siglo de su muerte, tienen una enorme operatividad para la comprensión de la realidad nacional.(Galasso, N. 2006: 12-18).

La colonización pedagógica

Jauretche en una sumamente interesante formulación, señala que sobre una determinada estructura económica y social de los países dependientes, se levanta una superestructura cultural

“destinada a impedir el conocimiento de esa dependencia, para que el pensamiento de los nativos ignore la naturaleza de su drama y no pueda arbitrar propias soluciones, imposibles mientras no conozca los elementos sobre los que debe operar, y los procedimientos que corresponden, conforme a sus propias circunstancias de tiempo y lugar”.

(Jauretche, A. 2008b, p. 13; Pulfer, D. 2015)

Jauretche considera que lo más importante en el análisis de la superestructura cultural es la determinación de los modos y el instrumental que opera en la formación de la “intelligentzia”, es decir el campo de los intelectuales víctima de una “colonización pedagógica” que coloca a sus componentes en una situación de divorcio absoluto con la realidad del país y cuya tarea consiste en la sabia organización de la ignorancia. . (Jauretche, A. 2008a, p. 107-110)

El planteo parte del hecho de que en las semi-colonias, para perpetuar el dominio imperialista, para impedir el surgimiento de una conciencia nacional de la cual derive una política nacional, y excluida, en principio, la vía de la violencia, la “colonización pedagógica”, es decir, obliga por vía de la violencia simbólica a la adopción por parte del oprimido de los esquemas del opresor, se revela esencial. Al servicio de esta finalidad se ponen los instrumentos de la superestructura cultural y se instrumentan los modos de proceder. (Jauretche, A. 2008; Puiggrós, 2015, p. 11-13)

La “colonización pedagógica” comienza en el seno de la propia familia y se profundiza en los distintos niveles de la escolarización. A su disposición se ponen, asimismo, todos los medios de información y de opinión, a los cuales, previo revestimiento de una sacrosanta objetividad, se los inviste de una autoridad infalible. Presuntos sabios, figurones, académicos, opinadores de toda laya, refuerzan permanentemente desde sus púlpitos lo que se aprende en la escuela y se propala en los medios de comunicación. (Jauretche, A. 2008, p. 97-102)

Todo lo que es ortodoxo se califica como civilizado, como correcto, como apropiado; todo lo que se desvía es estigmatizado como bárbaro, inculto, desatinado. Cuando no se puede denigrar o desautorizar estas desviaciones –por la fuerza convincente de los argumentos, o por
lo que fuera- simplemente el aparato lo invisibiliza: “lo que no se ve ni se siente, no existe”. (Galasso, N. 2011, p. 26-33).

Por una pedagogía de la alegría

Si el propósito definido es mantener un estado de cosas que arraiga los privilegios de las minorías y el interés de agentes y formaciones estatales y privadas que están fuera de la Nación, entonces es imprescindible mantener la ignorancia acerca de cómo ésta en verdad se construye, con lo cual también se impide, al abortarla en su nacimiento, la realización de una política nacional, democrática e igualitaria.

Sabemos la importancia que tiene la historia en la construcción de una identidad nacional. Si esa historia es apócrifa, creemos ser lo que no somos, en otras palabras, no nos conocemos a nosotros mismos. El reconocimiento de las luchas del pasado tiene una operatividad central para conformar una mentalidad nacional. Es así que no hay conciencia nacional sin conciencia histórica y la conformación de la conciencia histórica supone comprender el pasado como un campo de disputa política y comprender que los relatos de esa disputa se dan en el marco de operaciones intelectuales que son políticas de la historia. El caso del combate de la Vuelta de Obligado es un ejemplo ilustrativo de esta situación y de las operaciones que describimos.( Jauretche, A., 1998, p. 15-18)

Finalmente, la lucha intelectual es una dimensión de la lucha política. La conformación de una mentalidad nacional supone una constante revisión de los apotegmas y principios que constantemente son introducidos para reforzar las condiciones de la dominación. Ello requiere una apertura y una predisposición a la comprensión de la realidad mirando la misma desde los intereses concretos del pueblo y un batallar contra las condiciones de dominación de las fuerzas foráneas.

Esta lucha, además, debe darse con una profunda convicción en la capacidad transformadora del pueblo que debe regarse desde una pedagogía de la alegría. Nada grande se puede hacer con la tristeza. Desde la ciencia al deporte, desde la creación de la riqueza a la moral patriótica, el tono está dado por el optimismo o por el pesimismo. Nos quieren tristes para que nos sintamos vencidos y los pueblos deprimidos no vencen ni en la cancha de fútbol, ni en el laboratorio, ni en el ejemplo moral, ni en las disputas económicas. Por eso, venimos a combatir alegremente. Seguros de nuestro destino y sabiéndonos vencedores, a corto o largo plazo. (Galasso, N. 2006, p. 221)

Referencias bibliográficas

Galasso, N. (2006) Jauretche y su época. La revolución inconclusa 1955-1974. Buenos Aires, Corregidor (2011) ¿Cómo pensar la realidad nacional? Crítica al pensamiento colonizado. Buenos Aires, Ediciones del Pensamiento Nacional.

Golman, N.(1998) (dir.) Revolución, república, confederación (1806-1852). En: Nueva Historia Argentina, tomo III, Buenos Aires, Sudamericana.

Jauretche, A. (2008a) [1968] Los profetas del odio y la yapa (La colonización pedagógica). Buenos Aires, Corregidor. (2008b) [1959] Política nacional y Revisionismo histórico. Buenos Aires, Corregidor.

Lafforgue, J. (1999) (ed.) Historia de caudillos argentinos. Buenos Aires, Alfaguara.

Pulfer, D. (2015) La educación en la obra de Arturo Jauretche. En: Gustavo Marangoni (comp.). Pensar a Jaurteche. Gonnet, UNIPE.

Puiggrós, A. (2015) Imperialismo y educación en América Latina. Buenos Aires, Colihue.

Renouvin, P. (1998) Historia de las relaciones internacionales. Madrid, Akal.


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